sábado, 9 de agosto de 2014

Daniel y Nicaragua, de cara al futuro

El Sol se renueva en Nicaragua. Su valiente pueblo le apuesta a la transformación de las estructuras socioeconómicas. La construcción de una comunidad igualitaria continúa en medio del fervor y aliento emancipador. El Frente Sandinista de Liberación Nacional sigue altivo en la edificación de derroteros a partir de principios esenciales: cristianismo, socialismo y solidaridad.

Nicaragua ha ratificado como primer gobernante a Daniel Ortega Saavedra, en un segundo mandato consecutivo. Es el comandante presidente que da continuidad a su gestión gubernamental, la misma que asumió vía electoral en enero de 2007. Desde luego que Ortega tiene un bagaje histórico indiscutible, más aún cuando se rememora el proceso guerrillero que originó la toma del poder político en 1979, bajo su imagen valerosa y combativa.

En los vientos actuales, el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, liderado por Ortega, con una profusa convicción democrática, asume grandes retos, de cara a disminuir las asimetrías sociales. Por ello, ha tenido constante preocupación por la continuidad de programas de asistencia y desarrollo social. Tal trabajo se ha enfocado en áreas pilares del progreso de una nación: educación, salud, productividad, agricultura, ganadería, vialidad, inversión energética. En el plano integracionista, Nicaragua tiene una directa relación con la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA), desde el respeto soberano y la consolidación de la hermandad continental. En esta nueva etapa gubernativa, en Nicaragua se advierte un sumo interés por consolidar plazas de trabajo, que favorezcan a los segmentos poblacionales que sobreviven en el desempleo.

La revolución sandinista tiene afanes altruistas encaminados a dignificar la vida de las mujeres y de los hombres nicaragüenses. Esta revolución, que se nutre de las entrañas populares, precisamente, busca el equilibrio y paz social, para lo cual se invoca a la fraternidad. Aquel afán revolucionario está impregnado en el espíritu de los trabajadores, intelectuales, profesionales, amas de casa, campesinos, y en la incansable juventud de carácter proactivo y rebelde.

Daniel Ortega tiene desafíos puntuales. Por ejemplo, combatir sin tregua al narcotráfico y al crimen organizado, lacras derivadas del sistema capitalista.

En Nicaragua el horizonte se observa esperanzador, ya que se ratifica la heredad de Sandino, y, con ello, el lúcido pensamiento y labor de esos próceres que antecedieron el mensaje anhelante de unidad latinoamericana. ¡Que viva Daniel-pueblo! ¡Que viva Nicaragua libre!

Diario El Telégrafo /  11 Ene 2012

Temas pendientes

¿Qué implica el advenimiento de un nuevo año? Un cúmulo de renovados objetivos. O la evolución de nobles propósitos de cara a la proyección individual y colectiva. Esta fecha nos induce a revisar sobre lo actuado y, especialmente, respecto del horizonte venidero.

Tras la huella del pasado inmediato, nos encauzamos en búsqueda de caminos de felicidad y, por tanto, de la superación de obstáculos. Sin embargo que la vorágine del sistema frívolo de sobrevivencia moderna impide un instante reflexivo, es propicio detenernos en un solitario ejercicio de autoanálisis, con la finalidad de enmendar errores y trazar el adecuado sendero de vida, que, por supuesto, no está exento de vicisitudes y contratiempos.

Desde lo profundo de nuestro ser debe originarse la firme convicción de la necesidad de una transformación societal, que se reproduzca desde el seno de cada hogar. Es imperioso el cambio de mentalidad y de actitud de los miembros de nuestra sociedad.

De manera reiterada se menciona que los males que aquejan al país se derivan de las desatinadas actuaciones de los administradores públicos y gobernantes. Pero aquello tiene un nivel de corresponsabilidad de la propia ciudadanía, la misma que debe involucrarse con compromiso cívico en las decisiones de las grandes mayorías. El ciudadano/a también construye el futuro, a partir de su quehacer cotidiano, en la casa, en el aula, en el puesto de trabajo, en el círculo social cercano. Por lo tanto, el destino patrio no le pertenece exclusivamente a la clase política, sino al conjunto de la sociedad.

El 2012 tendrá como escenario el influjo preelectoral. Es ahí en donde la población debe empezar a debatir, cuestionar y aportar respecto del apostolado político que debe primar en la comunidad ecuatoriana. Esto como mecanismo para alcanzar el progreso común, más aún cuando la realidad nos demuestra que, sin embargo, de los logros gubernamentales alcanzados, la pobreza y exclusión aún perviven en las calles, en medio de la indolencia poblacional.   

La base del éxito se sustenta en que las personas se despojen del negativismo y de taras que impiden alcanzar una convivencia armónica. Tenemos la oportunidad para rever viejos prejuicios y odios estériles. Es el momento pertinente para exteriorizar el abrazo solidario al prójimo en perspectiva del bien conjunto.
Sin duda, varios temas quedaron pendientes en nuestra agenda particular y también a nivel general. Que tales aspectos aún inconclusos vayan concretándose como propósitos dinamizadores en este 2012. Alberguemos la esperanza de que así sea.

Diario El Telégrafo /  04 Ene 2012

Fin de una huella cronológica

El paso inevitable del tiempo se superpone en el acontecer humano. El obligado devenir de los días pervive entre la dicotomía existencial. El trajinar común de las personas anónimas se refleja en la subsistencia no ajena de limitaciones y fracasos. El cúmulo de anhelos inconclusos es revisado en el colofón de un ciclo cronológico. La nostalgia emana tras los meses transcurridos, y, con ellos, las acciones efectuadas con el entusiasmo que demanda la vida.

Se advierte la cosecha de los logros y de los deseos pendientes. Entramos en una etapa de valoraciones de las metas trazadas. Junto con la culminación anual, evaluamos los objetivos alcanzados y añoramos los hechos positivos inmediatos. En el ámbito colectivo las asimetrías se patentizan, dejando pesares y marginalidad. Y, a la vez, la utopía persiste y se agiganta en los corazones indignados de los desposeídos. Cada ciudadano/a explora en sus adentros aquellos demiurgos que no le permiten existir en plenitud en la perseverante búsqueda de la excelencia. 

El fin de año es un momento significativo en nuestro medio social, en donde se entrelazan marcadas tradiciones y costumbres. Es el tiempo de la quema del monigote y del jolgorio familiar. Del abrazo con el amigo/a y de la degustación culinaria. De las tarjetas y los mensajes escritos. Vamos dejando huella en el tránsito comunitario, y, de eso, precisamente, damos fe en el instante particular del autoanálisis. Hay una ruptura entre el pasado y el sendero inevitable del futuro. Sin desconocer la plenitud vivencial del presente.

La catarsis popular se percibe en las plazas y en las calles, en una fiesta que sintetiza una manera común de expresión solidaria y fraterna. Es la emancipación de los sentidos, pero, también, la mirada esperanzadora al horizonte promisorio. La gente asimila la consumación de afanes y aconteceres, de designios y realizaciones. Es el oportuno intervalo entre el recuerdo y el acontecimiento posterior, entre los pesares y la luz de la felicidad.

Concluye el 2011, y en esa dimensión tutelar y cosmogónica emprendemos renovados bríos y actitudes prospectivas que viabilicen mejores vientos de supervivencia. Estamos en el umbral de un nuevo año y, con ello, de la conjunción de buenos deseos, que deben persistir en cada pensamiento y actividad diaria. En esta transición temporal la conciliación permite valorar en alto grado al ser humano, como sujeto de cambio permanente, en beneficio individual y conjunto. Como dice Silvio Rodríguez: “El fin de año huele a compras,/ enhorabuenas y postales/ con votos de renovación…/ Unos festejan sus millones,/ otros la camisita limpia/ y hay quien no sabe qué es brindar”.

Hagamos de 2012 un año para nuevas luchas que enciendan la mecha de aquellos viejos sueños que atormentan y apasionan nuestras vidas.

Diario El Telégrafo /  28 Dic 2011

Recompensa y memoria

El caso Restrepo reaparece a través de un agresivo mensaje propagandístico del Ministerio del Interior, instando a una recompensa económica (doscientos mil dólares) a la persona que aporte con nuevos datos y pistas de este fatídico suceso. En buena medida es una valiosa decisión gubernamental por esclarecer este vergonzoso episodio de la reciente historia nacional, que involucra directamente a la entidad policial. Si bien el interés del actual régimen por auscultar y develar atropellos a los derechos humanos en épocas pasadas se refleja en la conformación de la Comisión de la Verdad, habrá que sugerir que este tema no sea aprovechado con fines electorales o de mero manejo publicitario, así también es menester que el Gobierno central haga una depuración interna en las filas policiales, porque es inadmisible que ciertos personajes involucrados en su momento en atropellos a vidas humanas hoy funjan de autoridades en las altas esferas.

El 8 de enero de 1988 desaparecieron los jóvenes hermanos Carlos Santiago y  Pedro Andrés Restrepo Arismendi. Desde esa fecha hasta el presente, innumerables indagaciones, testimonios, declaraciones, careos, juicios, dictámenes, evidencias, indagaciones, informes, manifestaciones, protestas, se han sucedido cronológicamente, en una especie de avispero que dilata la verdad. A ello hay que sumar al drama familiar, el engaño, chantaje, conspiración y amedrentamiento de elementos de la seguridad estatal.

Este crimen de Estado -como lo describe con rigurosidad periodística Mariana Neira- involucró a varios miembros de la fuerza pública, ligados con grupos represivos estructurados en el gobierno del ex presidente León Febres-Cordero. Por lo tanto, tal desaparición no fue un hecho aislado, sino el resultado de una práctica sistemática recurrente de persecución, hostigamiento, maltrato, tortura y muerte. Así lo reveló el principal testigo de este caso: el ex agente Hugo Efraín España Torres. Él detalló aspectos del asesinato de ambos chicos y el posterior hundimiento de sus cuerpos en la laguna de Yambo, situación que se ha vuelto un misterio, el mismo que pretende ser revelado, especialmente con el afán de recuperar sus restos.

Con este trágico caso quedó en entredicho la integridad de la institución policial, sobre todo esas instancias de signo coercitivo (SIC-P) que antepusieron el miedo  y el terror en el Ecuador de los 80 y 90 del siglo XX, las mismas que fueron suplantadas por gobiernos subsiguientes ante el reclamo e indignación ciudadanos.  Pero también la gente de a pie percibió que la impunidad forma parte de los tentáculos del poder. En ese sentido, el testimonio de los Restrepo -tras destapar la olla de grillos- reivindicó el elemental derecho a la existencia e infundió la valentía que debe caracterizar al ser humano al momento de denunciar abusos de ese mismo poder, para lo cual hay que perder el miedo cuando se trate de la búsqueda de la verdad y de la consecución de la justicia.

Y, algo ineludible, recurrir siempre al infinito amor que se nutre de la propia vida.

Diario El Telégrafo /  21 Dic 2011

Construir ciudadanía desde la horizontalidad

La democracia en la actualidad mantiene una tendencia participativa que se observa en el interés de ciertos actores sociales en la toma de decisiones. Para el efecto, se utilizan diferentes mecanismos de inserción, que permiten fortalecer la directa relación entre gobernantes y gobernados.

En una práctica concebida desde abajo hacia arriba, la dinámica social permite el involucramiento de la problemática común a través del encuentro vecinal, la reunión comunitaria o barrial y la asamblea ciudadana; espacios aglutinantes de debate e incorporación de la gente en los fenómenos cotidianos. Y, a su vez, instrumentos de base en la consolidación democrática, en donde se expresan los integrantes de la sociedad civil, independientemente de su representatividad en gremios, asociaciones, sindicatos, clubes, y otras organizaciones.

En tal dimensión es importante resaltar las experiencias locales, como instancias territoriales que contribuyen a establecer renovados parámetros de conducción político-administrativa. Es en las parroquias y cantones en donde se bosquejan componentes de participación popular, con peculiaridades propias. Esto, en vista de la cercana vinculación entre autoridades y población con la realidad que converge en la demanda en la dotación de servicios básicos y en la solución compartida a una problemática estructural en el contexto sociocultural y económico (desempleo, migración, inseguridad, discriminación, etc.).

El papel que adopta la gente en la intervención política es fundamental, en la medida en que su intromisión permita ampliar el espectro de la discusión pública y de una actitud propositiva de cara a la tarea estatal. Ante ello, cabe decir que la apropiación de los estamentos de participación ciudadana se despliega con mayor fuerza en lo local, cuyo nivel de credibilidad se impone ante la imagen desgastada del Estado. La población tiene un acercamiento directo con las entidades: parroquial o municipal, por lo tanto, exigen de ellas eficacia, adecuada planificación y transparencia de actos, en tanto que a la institucionalidad estatal la observan con cierta lejanía desde lo abstracto y -como consecuencia histórica de la ineficiencia gubernamental- con desconfianza.

La ciudadanía canaliza sus requerimientos en perspectivas de una adecuada relación con el poder político. Desde luego que aquello no siempre se establece de manera armónica y fluida, para lo cual se generan otros canales comunicativos, que, incluso, emanan en la movilización, como instrumento de presión social. No hay que olvidar la crisis de los partidos políticos que ha conllevado a formas alternativas de organización, como es el caso de los movimientos de variada índole.

Ante esto, el ciudadano/a preocupado de su porvenir -más allá de su afinidad ideológica- debe inmiscuirse en la formulación de planes y programas de desarrollo en su barrio, en su ciudad, en su entorno provincial y, finalmente, en su país, no solo a partir de la convocatoria a las urnas, sino en los momentos álgidos de discusión y consensos colectivos.

Diario El Telégrafo /  14 Dic 2011

Coexistir entre diversos

El sentido unitario de las colectividades se sustenta en el respeto mutuo y en la aceptación conjunta. En el Ecuador el tema de la diversidad se ha ido afianzando paulatinamente en las últimas décadas, ante la exigencia de la visibilización de los propios actores sociales, antes que por una apertura expresa del Estado.

En la toma de conciencia por el reconocimiento de nuestra heterogeneidad étnica se han identificado varios factores favorables que conducen a la armonización social. Desde luego que aquello no ha estado exento de conflictos y rupturas. De desavenencias y desacuerdos. De un ambiente tenso que raya en la intolerancia y el racismo de doble vía. Pero, desde la perspectiva evolutiva humana, hay que destacar la apropiación del asunto tratado en la sociedad contemporánea. Tal interés se cimienta en la coexistencia pragmática de diversas culturas que reflejan una comunidad privilegiada, cuya esencia histórica radica en su potencial multiplicidad identitaria.

A esto hay que agregar preceptos legales que de manera inclusiva le dan a la nación una configuración multiétnica y plurinacional, como consecuencia de una larga lucha de los sectores emergentes del país, por reivindicar su vital existencia. Si bien es importante la validación jurídica, lo esencial es la reafirmación social, respecto de su sentido diverso.

Las comunidades deben construir su futuro, contando para el efecto con elementos dinamizadores indisolubles en la constatación de la búsqueda de objetivos comunes. Y, paralelamente, deben crear condiciones que erradiquen las asimetrías socioeconómicas, reproducidas en la pobreza y marginalidad.

La aceptación al otro implica patrones de mutuo orden cultural. Pero, asimismo, encierra una adicional contribución desde el sistema educativo oficial. Ya que es fundamental que en las aulas se impartan conceptos y actitudes básicas sobre lo descrito. Y a ello también cabe agregar el ambiente familiar que refleja valores y aprendizajes primarios frente a formas determinadas de vida.

En el Ecuador se asume una realidad racial múltiple, en donde cohabitamos: mestizos, indígenas, negros y montubios. Más allá del aspecto cuantitativo, se impone la valoración de cada segmento étnico, que va acompañado de particularidades territoriales, ambientales, antropológicas, etc. El reto mancomunado es propiciar condiciones idóneas que concluyan en una relación intercultural, para lo cual es necesario superar prejuicios y miramientos reduccionistas. Para el efecto, hay que sentirnos orgullosos de nuestras raíces y aceptarnos diversos, en medio de las contradicciones y los consensos, de las diferencias y anhelos similares.  

Diario El Telégrafo / 07 Dic 2011

Ese corazón que late más allá de la vida

La vida es el estado del hombre en donde se bifurcan sueños y desafíos, ilusiones y derrotas, propósitos y funciones concretas. Es el eje desde donde se articulan las realizaciones y desencantos. Es el camino ineludible a la exploración de lo desconocido y fantástico, pero, también, puede ser el tránsito insospechado a lo macabro y fatal. Cuando en detrimento de la vida se acometen lesiones y crímenes se configura la huella del quebranto, y, sí a esa actitud le sumamos la arbitrariedad del poder en contra de la fragilidad de sonrisas adolescentes, queda en el ambiente social la impotencia y el desasosiego.

La desaparición de los hermanos Restrepo-Arismendy (Carlos Santiago y Pedro Andrés) en enero de 1988 propendió en lo posterior a develar un sistema represivo proveniente del propio Estado y a generar en la opinión pública la trascendencia de la defensa de los derechos humanos. Esto, sin embargo, en medio del dolor y el quebranto, y, a su vez, del coraje y tenacidad de una familia afligida por la ausencia de los suyos. Basta recordar aquella imagen imborrable de Pedro Restrepo todos los días miércoles en su habitual plantón en la Plaza de la Independencia con su gigante bandera blanca en donde flamean impregnados sus hijos, para valorar la existencia propia y de los otros.

Eran los tiempos del gobierno sombrío de León Febres Cordero, en donde se constituyeron redes policiales de signo autoritario, como el SIC-10, cuyas prácticas fueron el maltrato, tortura e incluso muerte de personas, en una suerte de control antisubersivo y antiterrorista. Esto, justificó desde el aparato gubernamental una inadecuada operación de la fuerza pública. Así lo han revelado sendos informes de comisiones nacionales e internacionales, denuncias de las familias de las víctimas, y de la tarea periodística, que sobre el tema descrito, se han compendiado en libros como “Caso Restrepo: Crimen de Estado” de Mariana Neira, y, “El amor contra el poder” de Claude Roulet y Dora Quintero.

El caso de los hermanos Restrepo removió y conmovió la conciencia del Ecuador de los 90 del siglo XX. Y, hoy, pese a que han transcurrido más de veinte años, este nefasto episodio que contrarió la paz colectiva mantiene vigencia en relación, especialmente, al paradero de sus cuerpos.

 “Con mi corazón en Yambo”, documental de María Fernanda Restrepo, es un trabajo testimonial estremecedor, que surge de la intimidad de su hogar, de la búsqueda de justicia de su padre, del amor materno que traspasa la muerte, del grito popular que invoca libertad y democracia, del hálito de esperanza, de la ruptura de la desmemoria y de la invocación de la ternura permanente.  


Diario El Telégrafo / 30 Nov 2011