sábado, 9 de agosto de 2014

Sueño consecuente y gemido del corazón

La poesía se manifiesta desde las más variadas formas de la condición vivencial, por lo tanto aparece en la relación amatoria y en las fauces de la ciudad noctámbula, en la estridente sonoridad que esconden los letreros iluminados con luces de neón y la intrínseca soledad que produce el desvarío del ser.

Aquellos signos poéticos se  descubren en el trajinar descomunal de los días y se redescubren con la pluma detenida en el umbral de la creación.

El poeta reencarna el alma de los otros, se sumerge en las aguas en donde conviven pececillos de colores, aletarga a la penumbra en donde se esconden dolores ajenos.

La poesía contiene como en una especie de espiral los enigmas reiterados por el hombre a través del tiempo. La cosmogonía observada desde las diversas aristas del entretejido humano. La naturaleza expuesta en una amalgama de sentidos. La roca incandescente que emana del recóndito volcán.

“La fiera consecuente” titula el reciente poemario de Margarita Laso. Publicación que cuenta con el sello de El Ángel Editor y que integra la colección Flor de Ángel. Tres partes integran este corpus dedicado al monte y al trueno, al cazador y al bosque en donde anidan canarios y colibríes.

Los primeros textos retratan al bravo toro, a partir de su imponente presencia en el lomerío: “toro de la altura furor de negro fuego/ parado en la cuchilla/ de tinta o de carbón la furia entraña/ tu corazón quemado de minero”.  Y, con ello, las hojas de los árboles, la acechanza de la fiera, el lenguaje de la cascada, las manos del labriego junto al azadón y el aullido de los lobos.

Es una evocación al volcán, pero también un latente trepidar de besos y ausencias: “…este cielo/ no es sino la llama que me marca/ candente lumbre que te espera”. Es la búsqueda del pescador en el risco, en tanto, el sol se oculta de las frustraciones. Es la laceración que provoca insomnio y desaliento.

De repente la historia se retiene en el mármol y en las batallas milenarias de aguerridos soldados surcando horizontes y quebrantando imperios con escudos, espadas y caballos de piedra.

Los ríos atraviesan senderos inhóspitos, miradas selváticas, ambientes calurosos, en tanto, el viaje encauza al objetivo de reencontrarse con la pareja: “ahora viajo/ voy a tu encuentro/… las lágrimas del monte inquietan el oído/ y la neblina con sus lomos de serpiente/ el corazón/… en la húmeda noche/ que llevas y te lleva/ las hojas tienen el sonido de besos que bendicen”.

Voz melancólica que produce “lágrimas de cera” y que va cerrando cicatrices en cada configuración metafórica. “La fiera consecuente” emerge desde las tinieblas como un necesario alarido que profundiza la plenitud y provocación. No cabe duda de que Margarita Laso le canta a las flores y a la vida.

Diario El Telégrafo / 11 Abr 2012

Miel de mar y otros silencios

Desde la eroticidad la palabra se funde en un solo aliento de carne y plenitud. Es ahí en donde los cuerpos yacen profundamente luego del feroz acto.

Es en aquel instante de emancipación en donde la caricia se vuelve remolino y la humedad se multiplica en la lluvia. Es en la intimidad del sueño eterno en donde los juglares se arrodillan en medio del ritual dedicado a la penetración del amor.

Es en las diferentes miradas del erotismo en donde la poesía aparece erguida de una posterior derrota y, predispuesta a vencer inútiles batallas. Con el verso se multiplica  la llamarada ardiente de la vida, el peregrinaje de los pies descalzos, los abrazos clandestinos en el fragor de las vanas promesas.

“Sueños lobos y el mar” es un compendio de poemas cortos de Carmen Jaramillo (Otavalo, 1971), en donde se describen la olas vertiginosas de los deseos nocturnos. La fuerza de la brisa poética se confunde con la desnudez de los sentidos: “Entre las sábanas de mi cama tibia/ descifro el sueño con el lobo negro/ cuando rasgas el encaje de mis medias seda/ con tus dientes, con tus uñas,/ y en la bruma cálida de tu cabello oscuro/ se diluye la fiebre de mi piel desnuda…”.

Es la búsqueda del otro en la bruma y el desvarío. Es el encuentro del ser amado en los confines de la lascivia, y el reencuentro con la desolación y las lágrimas que dejan los amaneceres grises. Es el horizonte absurdo que prosigue ante la ausencia de aquella mirada cómplice. Es la fragilidad de la alegría traducida en imágenes que se hunden en las anchurosas aguas del mundo. Es la percepción alucinada del recuerdo: “las serpentinas de mi pelo caen ligeras/ sobre el silencio de tu espalda desnuda/ conservo tu imagen y tibieza hasta el fin de la madrugada/ en el negro espejo de mis ojos”. 

En tanto, desde el bramido del corazón se plasma “La miel del silencio”, de Sonia Montenegro (Tulcán, 1988), poemario ganador del primer premio del Concurso Nacional de Poesía “Paralelo Cero” 2010-2011. En sus páginas se destaca una propuesta concisa a partir de la tesitura provocada por la autora en una temática de signo vivencial.

La tenue caricia del poema se entrelaza con la ternura y la inocencia de los años. También fluye la ensoñación de la luna, como musa del prodigio creativo. Y el advenimiento de nuevos soles que aplaquen la desdicha de la penumbra. Sonia Montenegro escribe con el ímpetu de la marejada en una revelación de hojas secas y el perfil del alma taciturna del mendigo. Es la enunciación del miedo que persigue al hombre como sombra permanente. Efectivamente, la miel se derrama en la incandescencia del placer furtivo y, con ello, el silencio retorna del abismo.

Es el desencanto de Dios. La huella indómita del desamor, luego del contacto sediento entre los labios: “Llega el amante milenario con su caricia solariega,/ llega el amor y me rompe este sostén de porcelana […] El viento también llega,/ y nos arranca el ceniciento beso/ y lo vuelve pan… para los otros/ en la mezcla del sabor está el silencio./ Y yo me quedo como un jardín en llamas”. En definitiva, los espejos reflejan la inconsistencia humana, la debilidad de las pupilas ajenas, el maleficio de la metáfora, el cáliz sagrado extraído de los decadentes monasterios.

Enhorabuena, que la belleza emerja como “semilla de invierno” y la llama literaria incinere nuestros mágicos jardines asentados en el norte ecuatorial.

Diario El Telégrafo /  04 Abr 2012

Oda de revelaciones y aguaceros febriles

La poesía es el cúmulo de las emociones internas. Es la descripción del todo y de la nada. Es la particular interpretación que el hacedor interpone respecto de su entorno y de las circunstancias vivenciales. Es el desprendimiento de las sensaciones que emanan del corazón.

Es la ceremonia que propugna sensibilizar al hombre, a través de la imagen y la semántica que define a la aurora. Es el cántico que brota de la tierra, tras la devota implantación de la semilla.

El poeta es el custodio de la palabra. Él entreteje el laberíntico mundo de la ensoñación. Para el efecto se adentra en temáticas universales que permanecen incólumes junto con la abundancia de los aguaceros.

Entonces, con luz propia que emana del faro de la creación, se desprende, desde la sencillez y la ambigüedad, el amor, el desamor, el erotismo, la existencia terrenal, la muerte, la soledad, la épica, el paisanaje, etc.

El poeta construye metáforas en concordancia a la belleza del lenguaje, desde su contexto situacional, trasplantando la acción rutinaria por códigos literarios que pretenden sobrevivir al misterio de la vida. El poeta es ese traductor de los días felices y las horas marchitas de angustia. Él expresa el rutilante verdor de los campos y la vivacidad de la sangre. Con su talento, delinea los tatuajes que dejan los vientos de la noche. Es el labrador que cosecha incontenibles parábolas.

“Cartografía de las revelaciones” (Colección Los Confines N° 7, Editorial Verbum-Trilce Ediciones, Salamanca-España, 2011) intitula el poemario de Alfredo Pérez Alencart, en cuyas páginas se incluyen pinturas de Miguel Elías. Es una exploración en donde el lector/a se sumerge en diversas estaciones que envuelven textos dedicados en profundo homenaje a personajes como San Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, José Hierro y Miguel Hernández, cuyo bagaje literario es reconocido por el autor.

Asimismo, se describe el trajinar del viento en una oda a favor de la imaginación, en un reencuentro con el destino: “Cada viento vuela sobre el paisaje que más adeuda,/ sobre las cumbres donde solemnemente traza la ruta/ de sus peregrinaciones”.

Y reaparece la ferviente demostración amatoria destinada a la compañera de los momentos íntimos y el mutuo cobijo: “Yo te beso,/ mujer madurada bajo el roce íntimo/ de mis días vertiginosos./ Te beso/ porque cabes en mis brazos/ y giras tu curva esplendorosa/ para que te sostenga/ como a la esposa del amor/ que está junto a mí/ en todas las resurrecciones”.

Aspectos que determinan la convivencia cotidiana se suman en versos de largo aliento que reniegan de la injusticia, denuncian la pobreza y prenden fuego a la realidad.  El poeta acumula geografías que son tamizadas en el resplandor lírico.

Latinoamérica se muestra en fragmentos, advirtiendo su mestizaje y sortilegio vital. En tanto, España y Portugal son esbozados desde la querencia y el vino que acompaña a la gratitud.

Alfredo Pérez Alencart es un infatigable poeta que devela con la hojarasca recogida en cada tarde los signos de nuestro tiempo.

Diario El Telégrafo /  28 Mar 2012

Palabra sagrada y sendero de solitarios

He ahí la poesía de cuerpo entero. Las ideas azotándonos de principio a fin. La epifanía de los signos. La música oteando en los confines del mar. La libertad que se deriva del viento. El fantasma del olvido. El laberíntico estallido de palabras y ansiedades. El silbido de pájaros diminutos. El ser mirándose al espejo en la estrechez del tiempo.

He ahí los versos que se funden en la memoria propia y ajena. La amplitud del cielo pintado con la azulidad de las quimeras. El derroche de los besos en la clarinada de renovados amaneceres. Los cuerpos ajenos ratificando nuestras debilidades. El amor que rehúye a las páginas amarillentas del pasado. La enjundiosa filosofía de la nada. El rutilante criterio ecuménico. Las aguas de la tierra sagrada.

“Solos” es el reciente poemario publicado por Xavier Oquendo Troncoso, con la editorial Mar Abierto, en su colección Almuerzo Desnudo. Este texto es un abrazo entre solitarios, la búsqueda incesante a la otredad, el grito desesperado del sobreviviente que ansía sosiego, la redención del prisionero, el aislamiento desparramándose junto con la indiferencia humana, el misterio del callejón oculto, el hastío que provoca la compañía de la gente.

El hilo conductor de la obra, es, sin duda, la soledad; aquel maleficio que acompaña al hombre por siglos y que se vuelve necesario, a partir del deseo de la intimidad. “El que no esté solo/ que lance la primera piedra/ contra él mismo,/ contra el espejo de su bruma,/ contra su deuda autoimpuesta./ Que se levante y camine,/ que busque un espacio en la muchedumbre…”.

Es, paradójicamente, entre esa multitud en donde se halla la sombra solitaria, la percepción particular del mundo, la sensación de escapatoria ante el bullicio que carcome la ética de los otros. El autor observa el trajinar colectivo en los andenes de un aeropuerto, así como en la estación de un tren. “Así, como la costra de la almendra/ que encierra el fruto en su corteza firme,/ viven los solos,/ separados de su historia,/ de su tiempo, de sus aguas”.

Oquendo, además, alude a la tenacidad de “los tatarabuelos del mundo”, a la paternidad, esa manera intrínseca de rendirle culto a la reproducción de la vida, desde la duda y la esperanza, desde los temores y las alegrías perdurables. “Los padres buscarán/ en sus hijos las arrugas,/ fabricarán respuestas/ para buscar el camino. […]/ Este es un nuevo espejismo:/ el hijo será una roca/ y el padre tan solo,/ el color de la piedra/ y el viento que hace la piedra. […]/ Porque piedra de padre eres/ y en la piedra donde edificaré mi templo/ te convertirás”.

En “Solos”, de igual forma, se redescubre el recuerdo de los años transcurridos. El frío de la noche y el “mito blanco” de la Luna. Las amistades febriles y las estaciones climáticas que irrumpen en el entorno habitual de los individuos. El legado profético de los bíblicos.

Xavier Oquendo recorre por los intersticios del lenguaje poético con soltura y transparencia intelectual. En su confesión lírica florece el silente sendero humano.

Diario El Telégrafo /  21 Mar 2012

El fútbol nacional desde una mirada particular

El fútbol es el demiurgo de los pueblos. En sus adentros compendia la pasión y el poder. Es jolgorio y sentimiento de multitudes. Es espectáculo en donde se confunde la quimera y la practicidad. Es el ritual de guerreros atléticos tras del balón. Es la antesala de la gloria o el presagio del descalabro colectivo.

El fútbol es el deporte que deleita a través de la fiesta de las sensaciones y emociones humanas. Es sinónimo de fuerza, temple y vivacidad. Es la pelota rodando ante la admiración anónima. Es sacrilegio e irreverencia de masas. Es aquel ineludible compromiso dominical. Es esencia y estética de vida.

Daniel Samper Pizano sugiere que “para saborear el fútbol se necesita una sensibilidad especial”. Por eso, considera que este juego “es mucho más que veintidós hombres y una pelota de cuero. Hay algo más que alegría en protagonistas y espectadores cuando se produce un buen pase, y hay mucho más que la felicidad pasajera de los dos puntos cuando revienta el gol de la victoria. El fútbol es una fuerza que brota de la última víscera, de lo más hondo de la existencia, de las aguas oscuras del conflicto humano”.

Cabe añadir que el gol, esa pieza definitiva de éxtasis social, es la culminación del acto futbolístico, como diría Eduardo Galeano, el “orgasmo del fútbol”.

Con prolijidad estadística e ilustrativo enfoque, Wilmer Ambrossi Robles extrae de la retentiva de la memoria colectiva su trabajo denominado “Diez intentos y dos clasificaciones aleccionadores en una opinión”; artículos compilados a propósito de la participación de la selección ecuatoriana en las eliminatorias al Mundial de Fútbol, en sus diversas ediciones.

En este texto de amplio análisis se refrescan datos verídicos y hechos sobresalientes de la historia futbolística de nuestro país. Pero, además, se obtienen argumentaciones válidas y enjundiosas en torno a este fenómeno deportivo, las mismas que no resaltan -exclusivamente- a los jugadores como los únicos protagonistas, sino que también se alude a la corresponsabilidad que deben asumir los restantes actores sociales: dirigencia, prensa e hinchas.

Wilmer Ambrossi narra y, complementariamente, comenta con sagacidad los errores y vicios del fútbol local. Y, paralelamente, reconoce y propugna los aciertos y virtudes de la destreza que arrojan los practicantes de nuestro balompié. Entre sus criterios esenciales está la integración territorial que debe generar el fútbol, en perspectivas de desterrar ese mal endémico patrio: el regionalismo. A través de la emoción rutilante del gol, el Ecuador se cobija con la bandera tricolor, tal como se ha demostrado en la intervención de la selección en partidos amistosos y, con mayor febrilidad, en certámenes oficiales.

“Diez intentos y dos clasificaciones aleccionadores en una opinión” saldrá a la luz, próximamente, en la colección “Tierra adentro”, de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

Libro de sugerente lectura para quienes amamos al monarca de los deportes.

Diario El Telégrafo /  14 Mar 2012

CCE de Imbabura: utopía y realidad cultural

La Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión tiene en el plano nacional, como baluarte institucional, la valiosa existencia de sus núcleos provinciales.

En cada rincón del Ecuador se genera desde sus identidades y marcadas particularidades espacios de divulgación artística y de valoración creativa, enalteciendo las raíces identitarias de una nación diversa, multiétnica y policultural.

De tal manera, la Casa de la Cultura de Imbabura, consciente de su rol histórico, cumple a cabalidad con los designios y anhelos de su patrono mayor, Manuel Benjamín Carrión Mora; propugnar las condiciones idóneas para fortalecer los valores culturales que caracterizan a la sociedad ecuatoriana. Eso supone estimular el talento y el alimento espiritual humano, en un proceso de apropiación de nuestros valores territoriales y étnico-culturales.

Esto implica definir líneas de trabajo y una adecuada planificación -políticas culturales- en donde prevalezca la imagen colectiva, para lo cual es indispensable el buen manejo de los recursos y el impulso autogestionario. Una de las virtudes de la Casona de Carrión en Imbabura en esta última etapa de vida gremial ha sido la consecución de un espacio físico de primer nivel: el complejo Pilanquí.

Con la implementación de amplias salas de exposición pictórica, escultórica, museográfica, cinematográfica, auditorio, teatro, biblioteca, y otros escenarios para la realización de talleres, cursos y actividades afines, esta entidad se ha convertido en un referente de propagación de las manifestaciones subjetivas que devienen de las cualidades de la mujer y del hombre embebido del embrujo de los lagos en cuyo espejo se refleja aquel monte añejo de presencia milenaria. Es decir, los actores culturales locales abren sus alas sensibles en plena analogía libertaria, como un homenaje al paisaje circundante de extremada admiración foránea.

En el plano de las letras, su línea editorial ha sido fecunda. Con la aparición permanente de colecciones como “Tahuando” y “Carangue”, que intentan resaltar la “imbabureñidad profunda”. A ello, se añaden los cuadernillos de la selección poética José Ignacio Burbano. Las revistas Imbabura y Palabra de Mujer. Y el periódico oficial. Un cúmulo del pensamiento literario, filosófico, investigativo, ensayístico, en donde se funde lo pretérito con lo moderno y se visibiliza la pasión por el terruño y la dimensión cosmopolita.

A esto hay que agregar eventos puntuales. Los martes culturales y los jueves académicos, cuya convocatoria demanda la presencia ciudadana, con voz crítica y estimulante.

El 5 de marzo de 1953 emergió el núcleo de Imbabura de la Casa de la Cultura, con la égida de prohombres visionarios que apuntalaron la concepción y estandarte de la provincialidad en el escenario patrio. Tras 59 años de meritoria permanencia, su perspectiva contemporánea plantea objetivos puntuales, en el marco de la democratización, pluralidad, inclusión, autonomía y rendición de cuentas.

Todo lo anotado bajo el liderazgo de su presidente, Marcelo Valdospinos Rubio, gestor de utopías realizables y trabajador obsesionado por el aroma del arte y la entelequia de la palabra imperecedera.

Diario El Telégrafo /  07 Mar 2012

Perdonar

La aquiescencia de gran parte de la ciudadanía ante la decisión del presidente Rafael Correa es notoria, tras plantear la remisión y archivo de los dos juicios implantados en contra de diario El Universo, el columnista Emilio Palacio y los autores de “El gran hermano”, Juan Carlos Calderón y Christian Zurita. Como dato relevante, habría que decir que tales juicios ya tuvieron sentencia por parte de la Función Judicial.

Los acontecimientos que antecedieron a los procesos legales de repercusión nacional  e internacional, sin duda, desgastaron energías que pudieron ser empleadas en bien del quehacer patrio. Sin embargo, hay que motivar serias reflexiones como detonante final de esta lamentable página en nuestra historia contemporánea que provocó el cuestionamiento de la tarea periodística, ante criterios y reseñas investigativas interpretadas por el Ejecutivo como injurias calumniosas.

No cabe duda de que el ejercicio comunicacional es determinante en la convivencia social, en tal sentido, la responsabilidad ulterior que emane de su desempeño debe estar a la altura de las circunstancias históricas de toda nación. Hay que implementar lineamientos profesionales que conduzcan a desbrozar el entramado de la verdad, desde la rigurosidad y el desempeño probo.

Dejando a un lado el sensacionalismo y lo que se va haciendo mala costumbre: el activismo político. Basta observar las entrevistas de los noticiarios televisivos matinales para confirmar lo citado. El periodista debe desentrañar los hechos contando para el efecto con la ética de procedimientos. Más allá del rating o el aumento en la venta del tiraje de ejemplares de periódicos.

En el Ecuador se reactivó en las últimas semanas la discusión sobre la pertinencia en las sociedades civilizadas del respeto a las libertades. Más que eso, de la propagación de las libertades. No creo de ninguna manera que en nuestro país se hayan coartado -o se coarten- las libertades de pensamiento, expresión y prensa, de indiscutible complementariedad. No vivimos en una dictadura para que eso ocurra.

Lo que sucede es que el Gobierno Nacional, con una alta dosis ideológica, ha puesto el dedo en la llaga, al confrontar con aquellos sectores tradicionales detentadores del poder financiero y, “coincidentemente”, mediático. Y, en ese pugilato se han revelado marcados intereses de grupo y sucesos de dimensión moral y deontológica, ya que en el periodismo debe primar la realidad de manera veraz, solo así la credibilidad será su mejor carta de presentación.

El ambiente conflictivo no es conveniente para ninguna comunidad. Más aún cuando se suma la práctica de violencias (verbal y física) que ensombrecen la anhelada paz colectiva. Concluido este triste episodio que traspasó los parámetros de querella particular, y que, a más del ámbito jurídico, tuvo una connotación política, también vale que el Primer Mandatario acoja lecciones vitales.

Por ejemplo, que su condición presidencial sea aprovechada para invocar a la concordia, a través de un discurso constructivo y equilibrado. Su postura de perdón es una valiosa actitud, que recompone las fisuras provocadas en la población. Es un buen paso para alcanzar la armonía y recobrar el espíritu de reconciliación nacional.

Diario El Telégrafo /  29 Feb 2012