sábado, 9 de agosto de 2014

Recompensa y memoria

El caso Restrepo reaparece a través de un agresivo mensaje propagandístico del Ministerio del Interior, instando a una recompensa económica (doscientos mil dólares) a la persona que aporte con nuevos datos y pistas de este fatídico suceso. En buena medida es una valiosa decisión gubernamental por esclarecer este vergonzoso episodio de la reciente historia nacional, que involucra directamente a la entidad policial. Si bien el interés del actual régimen por auscultar y develar atropellos a los derechos humanos en épocas pasadas se refleja en la conformación de la Comisión de la Verdad, habrá que sugerir que este tema no sea aprovechado con fines electorales o de mero manejo publicitario, así también es menester que el Gobierno central haga una depuración interna en las filas policiales, porque es inadmisible que ciertos personajes involucrados en su momento en atropellos a vidas humanas hoy funjan de autoridades en las altas esferas.

El 8 de enero de 1988 desaparecieron los jóvenes hermanos Carlos Santiago y  Pedro Andrés Restrepo Arismendi. Desde esa fecha hasta el presente, innumerables indagaciones, testimonios, declaraciones, careos, juicios, dictámenes, evidencias, indagaciones, informes, manifestaciones, protestas, se han sucedido cronológicamente, en una especie de avispero que dilata la verdad. A ello hay que sumar al drama familiar, el engaño, chantaje, conspiración y amedrentamiento de elementos de la seguridad estatal.

Este crimen de Estado -como lo describe con rigurosidad periodística Mariana Neira- involucró a varios miembros de la fuerza pública, ligados con grupos represivos estructurados en el gobierno del ex presidente León Febres-Cordero. Por lo tanto, tal desaparición no fue un hecho aislado, sino el resultado de una práctica sistemática recurrente de persecución, hostigamiento, maltrato, tortura y muerte. Así lo reveló el principal testigo de este caso: el ex agente Hugo Efraín España Torres. Él detalló aspectos del asesinato de ambos chicos y el posterior hundimiento de sus cuerpos en la laguna de Yambo, situación que se ha vuelto un misterio, el mismo que pretende ser revelado, especialmente con el afán de recuperar sus restos.

Con este trágico caso quedó en entredicho la integridad de la institución policial, sobre todo esas instancias de signo coercitivo (SIC-P) que antepusieron el miedo  y el terror en el Ecuador de los 80 y 90 del siglo XX, las mismas que fueron suplantadas por gobiernos subsiguientes ante el reclamo e indignación ciudadanos.  Pero también la gente de a pie percibió que la impunidad forma parte de los tentáculos del poder. En ese sentido, el testimonio de los Restrepo -tras destapar la olla de grillos- reivindicó el elemental derecho a la existencia e infundió la valentía que debe caracterizar al ser humano al momento de denunciar abusos de ese mismo poder, para lo cual hay que perder el miedo cuando se trate de la búsqueda de la verdad y de la consecución de la justicia.

Y, algo ineludible, recurrir siempre al infinito amor que se nutre de la propia vida.

Diario El Telégrafo /  21 Dic 2011

Construir ciudadanía desde la horizontalidad

La democracia en la actualidad mantiene una tendencia participativa que se observa en el interés de ciertos actores sociales en la toma de decisiones. Para el efecto, se utilizan diferentes mecanismos de inserción, que permiten fortalecer la directa relación entre gobernantes y gobernados.

En una práctica concebida desde abajo hacia arriba, la dinámica social permite el involucramiento de la problemática común a través del encuentro vecinal, la reunión comunitaria o barrial y la asamblea ciudadana; espacios aglutinantes de debate e incorporación de la gente en los fenómenos cotidianos. Y, a su vez, instrumentos de base en la consolidación democrática, en donde se expresan los integrantes de la sociedad civil, independientemente de su representatividad en gremios, asociaciones, sindicatos, clubes, y otras organizaciones.

En tal dimensión es importante resaltar las experiencias locales, como instancias territoriales que contribuyen a establecer renovados parámetros de conducción político-administrativa. Es en las parroquias y cantones en donde se bosquejan componentes de participación popular, con peculiaridades propias. Esto, en vista de la cercana vinculación entre autoridades y población con la realidad que converge en la demanda en la dotación de servicios básicos y en la solución compartida a una problemática estructural en el contexto sociocultural y económico (desempleo, migración, inseguridad, discriminación, etc.).

El papel que adopta la gente en la intervención política es fundamental, en la medida en que su intromisión permita ampliar el espectro de la discusión pública y de una actitud propositiva de cara a la tarea estatal. Ante ello, cabe decir que la apropiación de los estamentos de participación ciudadana se despliega con mayor fuerza en lo local, cuyo nivel de credibilidad se impone ante la imagen desgastada del Estado. La población tiene un acercamiento directo con las entidades: parroquial o municipal, por lo tanto, exigen de ellas eficacia, adecuada planificación y transparencia de actos, en tanto que a la institucionalidad estatal la observan con cierta lejanía desde lo abstracto y -como consecuencia histórica de la ineficiencia gubernamental- con desconfianza.

La ciudadanía canaliza sus requerimientos en perspectivas de una adecuada relación con el poder político. Desde luego que aquello no siempre se establece de manera armónica y fluida, para lo cual se generan otros canales comunicativos, que, incluso, emanan en la movilización, como instrumento de presión social. No hay que olvidar la crisis de los partidos políticos que ha conllevado a formas alternativas de organización, como es el caso de los movimientos de variada índole.

Ante esto, el ciudadano/a preocupado de su porvenir -más allá de su afinidad ideológica- debe inmiscuirse en la formulación de planes y programas de desarrollo en su barrio, en su ciudad, en su entorno provincial y, finalmente, en su país, no solo a partir de la convocatoria a las urnas, sino en los momentos álgidos de discusión y consensos colectivos.

Diario El Telégrafo /  14 Dic 2011

Coexistir entre diversos

El sentido unitario de las colectividades se sustenta en el respeto mutuo y en la aceptación conjunta. En el Ecuador el tema de la diversidad se ha ido afianzando paulatinamente en las últimas décadas, ante la exigencia de la visibilización de los propios actores sociales, antes que por una apertura expresa del Estado.

En la toma de conciencia por el reconocimiento de nuestra heterogeneidad étnica se han identificado varios factores favorables que conducen a la armonización social. Desde luego que aquello no ha estado exento de conflictos y rupturas. De desavenencias y desacuerdos. De un ambiente tenso que raya en la intolerancia y el racismo de doble vía. Pero, desde la perspectiva evolutiva humana, hay que destacar la apropiación del asunto tratado en la sociedad contemporánea. Tal interés se cimienta en la coexistencia pragmática de diversas culturas que reflejan una comunidad privilegiada, cuya esencia histórica radica en su potencial multiplicidad identitaria.

A esto hay que agregar preceptos legales que de manera inclusiva le dan a la nación una configuración multiétnica y plurinacional, como consecuencia de una larga lucha de los sectores emergentes del país, por reivindicar su vital existencia. Si bien es importante la validación jurídica, lo esencial es la reafirmación social, respecto de su sentido diverso.

Las comunidades deben construir su futuro, contando para el efecto con elementos dinamizadores indisolubles en la constatación de la búsqueda de objetivos comunes. Y, paralelamente, deben crear condiciones que erradiquen las asimetrías socioeconómicas, reproducidas en la pobreza y marginalidad.

La aceptación al otro implica patrones de mutuo orden cultural. Pero, asimismo, encierra una adicional contribución desde el sistema educativo oficial. Ya que es fundamental que en las aulas se impartan conceptos y actitudes básicas sobre lo descrito. Y a ello también cabe agregar el ambiente familiar que refleja valores y aprendizajes primarios frente a formas determinadas de vida.

En el Ecuador se asume una realidad racial múltiple, en donde cohabitamos: mestizos, indígenas, negros y montubios. Más allá del aspecto cuantitativo, se impone la valoración de cada segmento étnico, que va acompañado de particularidades territoriales, ambientales, antropológicas, etc. El reto mancomunado es propiciar condiciones idóneas que concluyan en una relación intercultural, para lo cual es necesario superar prejuicios y miramientos reduccionistas. Para el efecto, hay que sentirnos orgullosos de nuestras raíces y aceptarnos diversos, en medio de las contradicciones y los consensos, de las diferencias y anhelos similares.  

Diario El Telégrafo / 07 Dic 2011

Ese corazón que late más allá de la vida

La vida es el estado del hombre en donde se bifurcan sueños y desafíos, ilusiones y derrotas, propósitos y funciones concretas. Es el eje desde donde se articulan las realizaciones y desencantos. Es el camino ineludible a la exploración de lo desconocido y fantástico, pero, también, puede ser el tránsito insospechado a lo macabro y fatal. Cuando en detrimento de la vida se acometen lesiones y crímenes se configura la huella del quebranto, y, sí a esa actitud le sumamos la arbitrariedad del poder en contra de la fragilidad de sonrisas adolescentes, queda en el ambiente social la impotencia y el desasosiego.

La desaparición de los hermanos Restrepo-Arismendy (Carlos Santiago y Pedro Andrés) en enero de 1988 propendió en lo posterior a develar un sistema represivo proveniente del propio Estado y a generar en la opinión pública la trascendencia de la defensa de los derechos humanos. Esto, sin embargo, en medio del dolor y el quebranto, y, a su vez, del coraje y tenacidad de una familia afligida por la ausencia de los suyos. Basta recordar aquella imagen imborrable de Pedro Restrepo todos los días miércoles en su habitual plantón en la Plaza de la Independencia con su gigante bandera blanca en donde flamean impregnados sus hijos, para valorar la existencia propia y de los otros.

Eran los tiempos del gobierno sombrío de León Febres Cordero, en donde se constituyeron redes policiales de signo autoritario, como el SIC-10, cuyas prácticas fueron el maltrato, tortura e incluso muerte de personas, en una suerte de control antisubersivo y antiterrorista. Esto, justificó desde el aparato gubernamental una inadecuada operación de la fuerza pública. Así lo han revelado sendos informes de comisiones nacionales e internacionales, denuncias de las familias de las víctimas, y de la tarea periodística, que sobre el tema descrito, se han compendiado en libros como “Caso Restrepo: Crimen de Estado” de Mariana Neira, y, “El amor contra el poder” de Claude Roulet y Dora Quintero.

El caso de los hermanos Restrepo removió y conmovió la conciencia del Ecuador de los 90 del siglo XX. Y, hoy, pese a que han transcurrido más de veinte años, este nefasto episodio que contrarió la paz colectiva mantiene vigencia en relación, especialmente, al paradero de sus cuerpos.

 “Con mi corazón en Yambo”, documental de María Fernanda Restrepo, es un trabajo testimonial estremecedor, que surge de la intimidad de su hogar, de la búsqueda de justicia de su padre, del amor materno que traspasa la muerte, del grito popular que invoca libertad y democracia, del hálito de esperanza, de la ruptura de la desmemoria y de la invocación de la ternura permanente.  


Diario El Telégrafo / 30 Nov 2011

miércoles, 14 de diciembre de 2011

PODER POLÍTICO Y COMPROMISO CIUDADANO

Con la Constitución de la República aprobada en Montecristi (2008), los instrumentos de participación de la gente en la toma de decisiones compartidas, acción veedora, e involucramiento en el manejo de la Cosa Pública se ampliaron de manera considerable, más aún, con la posterior promulgación de leyes secundarias como el Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (COOTAD) y la Ley Orgánica de Participación Ciudadana.

En tal sentido, la interrelación ciudadanía-Estado toma un giro cambiante en pro del acervo de la función pública. Todo ello, desde una interpretación democrática amplia, plural e incluyente. En nuestro país, la población empieza a entender que la preocupación demostrada por el aporte a propuestas pertinentes, exigibilidad de derechos y cabal cumplimiento de deberes fortalece los cimientos de la democracia, con madurez, responsabilidad individual y compromiso colectivo.

El ciudadano/a a partir de su autodeterminación, adquiere un nivel de conciencia de su propia identidad como sujeto activo en las decisiones comunitarias. Por lo tanto, su intervención en asuntos de interés general es determinante en la perspectiva de profundizar los parámetros de la democracia, sin desconocer los conflictos de intereses generados desde la lógica del poder. Aquel sujeto que reivindica sus derechos civiles, políticos y sociales, también propende a actuar en espacios decisorios, que, generalmente, están delegados a autoridades elegidas por el voto popular, conllevando a un ambiente conflictivo, que debe superarse con la mediación conjunta, en aras de definir roles, y, a la vez, de propiciar escenarios de debate y consenso en el marco de una reorientación del poder.

La ciudadanía como elemento constitutivo de una comunidad política se inmiscuye en la gestión pública como efecto de sus demandas y necesidades. Pero asimismo, es imperioso que ese mismo conglomerado demuestre compromiso por el desarrollo común desde una apropiación cívica, que ratifique los postulados de una verdadera práctica democrática. Para ello, es elemental el reconocimiento del resto de actores étnico-sociales, la tolerancia ideológica, el sentido solidario de una redistribución equitativa de recursos, el empeño por el mejoramiento del nivel de convivencia de las grandes mayorías, etc.

El comportamiento activo de los gobernados en asuntos de corresponsabilidad política implica una mejor labor de los gobernantes, cuya rendición de cuentas, tendrá un resultado juzgador y una mirada fiscalizadora. Por otra parte, la formulación de políticas públicas deberá configurarse con la voluntad de la autoridad ante la convocatoria e injerencia de representantes de la sociedad civil, conjugando la legalidad y legitimidad social.

Extraído de Diario El Telégrafo, noviembre 23 del 2011

sábado, 19 de noviembre de 2011

La catarsis de un creador intenso (*)


Con un nombre sugerente Marco Terán expone sus sueños en la lona desafiante del hecho creativo, sin ambages, con toda la fuerza oculta que resuelve develar los ángeles y demonios que circundan en la intimidad del artista.

“Catarsis” define una explosión cromática y el estallido de los recuerdos arrumados por un buen tiempo en el baúl pleno de sentimientos entrecortados. Es la emanación de sensaciones internas purificando del pasado las vivencias que rehúyen emigrar de la frágil memoria. Es un acto de emancipación de la melancolía y del surgimiento lúcido de seres excepcionales pertenecientes a un imaginario peculiar. Es la exhibición de las ansiedades y angustias que perturban al hombre en su percepción más intrínseca de la vida. Es el grito de la voz acallada por viejos tabúes. Es la liberación espiritual a través del fantástico pincel. Es la búsqueda de nuevos territorios y la exploración de geografías ignotas. Es el impulso de las pasiones que obsesionan al ser humano en el desvarío de la negra noche, utilizando para el efecto la máscara de la felonía.

Marco Terán es un pintor quien por medio de un trabajo serio y obsesivo ha traspasado los límites de lo convencional y rutinario, de lo decorativo y baladí. Teniendo en cuenta que el arte plástico increpa a la fugacidad de la mera ilustración visual, la propuesta de Terán adquiere ribetes de trascendencia en el arduo oficio de la proyección pictórica.

“El arte bueno es siempre una síntesis dialéctica de lo real y de lo irreal, de la razón y de la imaginación”, sentencia Ernesto Sábato. Y, es, precisamente, en esa dualidad entre lo tangible y lo ficticio, en donde Marco Terán expresa todas sus virtudes desacralizando aquella dimensión exclusivamente terrenal. En sus cuadros, manchados de acrílico y de ideas vitales aparecen mujeres que pierden su candidez ante el espasmo de las miradas cómplices. Los cuerpos femeninos imprimen el sello de sensualidad y de excitante desnudez; aquellos senos que amamantan la perfidia masculina, se muestran en su plenitud.

Asimismo, la infancia se revela en los juegos iniciales y en las conversaciones interminables. En tanto, la naturaleza irrumpe con pedazos de luna en el firmamento. Los rostros se esconden tras antiguos antifaces. Las esquirlas apuntalan reiteradas ausencias en el escondrijo del inquisidor. Los amantes trastocan las tradiciones del Oriente Medio.

Los personajes de Terán surgen de relatos fantasmales que despiertan la curiosidad del espectador/a. A ello su suman dioses anónimos y doncellas de cabellos largos y alas dispuestas a surcar cielos desconocidos. Figuras especiales invaden sus pinturas en una búsqueda de los resquicios del pretérito.

Los violetas, dorados, verdes, se imponen como colores preferentes en la identidad de este artista que se desplaza entre la comunión de los días grises y la sorpresiva alusión a seres lejanos y extrañas maneras de aprehender el influjo artístico.

Que la catarsis de Marco Terán continúe como un torrente interminable entre la abstracción de los sentidos y la permanente búsqueda del yo verdadero.

(*) Texto leído en el acto de inauguración de la exposición pictórica "Catarsis", de Marco Terán, Sala Luis Toro Moreno de la Casa de la Cultura Ecuatoriana - Núcleo de Imbabura, Ibarra, noviembre 18 del 2011

DEMOCRACIA E INTERVENCIÓN CIUDADANA

En el marco democrático es plausible la intervención de los actores sociales en la toma de decisiones, para lo cual es imprescindible la apropiación de la problemática frente al desarrollo, con seriedad y responsabilidad y, con ello, de las apremiantes alternativas de solución, esto en doble vía, tanto en la ciudadanía toda, así, como al interior del aparato estatal.

La democracia en los últimos tiempos ha tenido variantes que intentan fortalecer su concepción. Especialmente, en Latinoamérica con la irrupción de regímenes de tendencia progresista, el enfoque democrático ha derivado en una mayor injerencia popular, para lo cual la configuración de la democracia participativa, se antepone a la tradicional democracia representativa (liberal). Esto, sin duda, permite reformular ciertas categorías a partir de cada realidad territorial.

El principio democrático cuenta con la mediación de los sujetos sociales, para el efecto, se sugiere que tal presencia vaya de la mano de la participación ciudadana, cuya riqueza radica en la visibilización de las diferencias y el reconocimiento de las identidades, a más de la preocupación colectiva por los conflictos y asuntos comunes. Dicha actitud colaboracionista implica la sumatoria de la heterogeneidad social: mestizos, indios, negros, montubios, mujeres, niñas/os, jóvenes, adultos, personas de la tercera edad, discapacitados, migrantes, trabajadores, homosexuales, lesbianas, etc.

En esa línea, es necesario generar condiciones favorables en el plano jurídico, para que el Estado dote a la población de las normas legales pertinentes que propendan al involucramiento de la gente en su presente y, especialmente, en la construcción de un futuro sustentable, óptimo y esperanzador. Claro, que, la cuestión de la inclusión ciudadana en la esfera pública, no se reduce tan sólo a la existencia de leyes para el efecto, sino, que, a la consolidación de una cultura ciudadana.

La radicalización de la democracia supone ir más allá de la vigencia institucional de los movimientos y partidos políticos y, del pleno ejercicio del voto. Su función conlleva a replantear el quehacer público instando a una corresponsabilidad ciudadana. En el mejor término, politizando a la ciudadanía. Para lo cual, es imperioso el interés que preste el conglomerado social respecto de las políticas públicas que emanan de las entidades de representación popular. Sobre lo anotado, vale resaltar que la participación ciudadana tiene plena incidencia en localidades en donde poseen estructuras gubernativas parroquiales, municipales y seccionales. En estos ámbitos, la dinámica participativa es amplia y plural, en ella se revela la conjunción entre mandatarios y mandantes, garantizando desde abajo hacia arriba el ejercicio de una democracia multidimensional.

Tomado de Diario El Telégrafo, noviembre 16 del 2011