miércoles, 10 de marzo de 2010

LA INTERCULTURALIDAD



La interculturalidad es un tema de intenso debate desde la academia. Sin duda, este fenómeno socio-cultural tiene percepciones variadas según el ojo analítico. Este hecho que se entrelaza con la teoría y praxis cobra marcada vigencia en pueblos de hondo raigambre identitario y de convivencia heterogénea. En tal sentido, en nuestro entorno geográfico, la interculturalidad se plasma como una aspiración societal en el marco de una estrecha interrelación humana.

La interculturalidad es un espacio de inter-actuación étnica, alcanzando complementariedad en puntos coincidentes y tolerancia en aspectos divergentes. Es aceptar la mirada del otro. La vestimenta de la otra. La fiesta andina del indígena. La carga occidental del mestizo. El baile alegre y cadencioso del afro-ecuatoriano. Es fusionar con alto grado de madurez los elementos culturales que identifican a los múltiples grupos sociales. La interculturalidad, supera a la pluriculturalidad. Es una categoría con mayor desarrollo en la vorágine de la coexistencia interétnica. Reniega de la aculturación. Le apuesta al respeto por la otredad. Tiende al pluralismo. Ahonda el sentido de armonización colectiva. Abre el camino propicio para la igualdad social, considerando políticas de desarrollo en la perspectiva del mejoramiento en la calidad de vida de la gente. La interculturalidad permite la reflexión ante la latente carga histórica proveniente de momentos específicos en el tiempo y el espacio, como por ejemplo, la conquista y el dominio español. Ante ello, se devela que no hay culturas inferiores, ni superiores, sino diferentes, tal como señala el antropólogo Luis de la Torre. Precisamente, hacia ese postulado se dirige la interculturalidad; al reconocimiento de la multietnicidad en medio de un evolutivo sincretismo cultural.

Otavalo, febrero 14 del 2008

GUADALUPE: MUJER-SONRISA Y UTOPÍA



Haciendo alusión a la denodada lucha y persistencia del género femenino en la historia societal, el periodista Kintto Lucas cree que hay “Mujeres que, a pesar de nosotros, no perdieron la imaginación ni el sueño, y sobre todo, no perdieron esa vida que llevaban-llevan en sus miradas”. Una de ellas fue, sin duda, Guadalupe Larriva González; gaviota que se confunde entre el horizonte enrojecido al caer de la tarde y la brisa del mar.
Educadora y política cobijada de ideología socialista guardó coherencia entre su pensamiento y acción. En su intenso trajinar mantuvo la convicción de que a través de esta corriente política de izquierda, las ciudadanas y ciudadanos, tenemos la posibilidad de generar mejores condiciones de vida, contando para ello, con una adecuada redistribución de la riqueza -concentrada actualmente en pocas manos- , con el frontal combate a la corrupción, con la plena reactivación del aparato productivo, con una agresiva inversión en las áreas de la educación y la salud, con el respeto a la diversidad étnico-cultural, de género, y generacional, con la integración de los trabajadores, obreros, campesinos, indígenas, negros, maestros, intelectuales, pequeños y medianos industriales, empresarios con vocación nacionalista hacia el rediseño del ente estatal…, en síntesis y, en contraposición al indolente y oprobioso modelo neoliberal, el socialismo fue considerado para ella como la opción sistemática del cambio social.
Guadalupe, como mujer íntegra, sugería a las mujeres de nuestro país y el mundo lo siguiente: “Uno de nuestros objetivos -decía- como mujeres que tenemos la oportunidad de actuar en la esfera de lo político debe ser incentivar a que todas las mujeres se involucren en los procesos para alcanzar mayor representatividad y obtener una intensa participación en el desarrollo público y personal a través de nuevas formas de relaciones de poder”. Según Manuel Salgado Tamayo “las ideas no mueren, las ideas no se matan. Guadalupe Larriva González, era, sobre todo, una mujer de ideas profundas, una mujer en cuya mente brillaban los ideales más nobles de la humanidad: la justicia, el progreso, la libertad, la independencia, la autodeterminación, la integración latinoamericana, la globalización basada en la solidaridad y el amor entre los hombres y entre los pueblos”. Tras su trágico accidente aéreo ocurrido el 24 de enero del 2007 en Manta aún pervive el recuerdo de la primera mujer en dirigir a las diferentes ramas de la máxima institución uniformada del país. El poeta Jorge Carrera Andrade, refiriéndose a los que se van para siempre, escribe: “Otros, también, emprenderán el viaje sin retorno. Y su sitial quedará vacío, y ya no podremos abrazarles en el momento del triunfo”. Cierto es Guadalupe que ya no podremos abrazarte, pero sí nos quedará por siempre en el imaginario colectivo tu sonrisa inconfundible y tus ansias por alcanzar el mensaje del Che, o sea, la utopía de la construcción del “hombre nuevo, de la nueva sociedad”.

Otavalo, enero del 2008

“BRUTAL COMO EL RASGAR DE UN FÓSFORO”



Gustavo Garzón Guzmán desapareció en Quito el 10 de noviembre de 1990. Escritor formado en el taller literario de Miguel Donoso Pareja. Miembro del colectivo editorial de la revista “Mosca Zumba”. Asiduo colaborador de publicaciones dentro y fuera del país. Sus cuentos aparecieron en antologías y obras colectivas. Trabajó en Ecuatoriana como técnico de aviación. Esto le permitió desplazarse al extranjero. Sin embargo, lo despidieron de dicha empresa por el texto narrativo: “Mijito Maarrr”; “una crítica al maltrato de los militares a los reclutas”, según Mariana Neira. También laboró en la Casa de la Cultura. Aunque se licenció en Estadística y Banca en la Universidad Central, su esencial oficio fue la escritura. Por ello, preparaba la tesis para un doctorado en Letras en la Universidad Católica. Éste y otros planes se truncaron a partir de esta misteriosa ausencia. Familiares y amigos lo describen como un ser inteligente, solidario y, comprometido con las causas sociales. Garzón fue detenido en agosto de 1989, tras ser acusado de una supuesta tenencia ilegal de armas y de integrar “Montoneras Patria Libre”. En el Centro de Detención Provisional (CDP) lo torturaron agentes de la Fuerza Pública varios días consecutivos y, luego, lo trasladaron al ex-penal García Moreno. Obtuvo la liberación en septiembre de 1990. El nexo con grupos subversivos, al parecer, hizo que el aparato represivo estatal de esa época lo tenga en la mira, incluso, dos meses después de salir de la cárcel. Este caso -como el de muchos otros- quedó en la impunidad y, en los recovecos de un inoperante y lento sistema de justicia. Es algo “brutal como el rasgar de un fósforo”, parafraseando el título de uno de sus libros.

Luego de 17 años de desconocer su paradero, su sombra aún recorre las calles del bohemio barrio La Mariscal rumbo a San Juan, entre personajes noctámbulos, el humo del cigarrillo y el ritmo del jazz.

Otavalo, diciembre 16 del 2007

DOS PÁJAROS CANTORES



Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina le cantan a “aquellas pequeñas cosas” -no por ello menos sustanciales- que confluyen entre el amor y el desamor, la duda y la certeza, el límite y el exceso, el blanco y el negro. Su propuesta artística es un grito ferviente a favor de la vida. Sus estrofas recogen cotidianidades; ausentes de cursilerías pretenden a través del verso brindar al público razones lúcidas y lúdicas para enfrentar los tormentos e inmundicias existenciales. Este par de cantautores españoles a través de su oficio se acercan al hombre; con todas sus debilidades y vicios, con todas sus fortalezas y bondades. Este par de trovadores contemporáneos le hacen un guiño a la mujer; musa para la tentación y la desnudez. Enamorados de Latinoamérica tienen en sus interioridades hechos semejantes como el exilio, la posición política de izquierda, la fiebre de la música y la pasión por la poesía. Serrat reivindicó al catalán, Sabina puso una bomba molotov en una entidad bancaria. El primero le dedicó una canción al Mediterráneo y a “esos locos bajitos” y, musicalizó letras de Antonio Machado, Miguel Hernández, Mario Benedetti…, el segundo es hincha del Atlético de Madrid, bohemio abrazado de la madrugada y el “ruido de tacones lejanos” y, lector incansable de José Hierro, Marcel Proust, James Joyce… Juntos estuvieron hace poco en un concierto en el coliseo “Rumiñahui” en Quito. “Dos pájaros de un tiro”: espectáculo para recordar más allá del amanecer, “mientras un servidor/ le levanta la falda a la luna”.

Otavalo, noviembre 27 del 2007

MARTÍ: GERMEN DE REBELDÍA, PATRIOTISMO Y SENSIBILIDAD POÉTICA



“El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor,
sino de qué lado está el deber”

J.M.


José Julián Martí Pérez (Cuba, 1853-1895), es un referente de la libertad, lucha social y desprendimiento humano. Su trayectoria vital ajustada a la búsqueda por la igualdad de los hombres y mujeres y, por la autodeterminación de los pueblos, se convierte en la actualidad en un ejemplo de indeclinable ética del patriotismo.

Desde temprana edad tuvo preocupaciones relacionadas con el quehacer político de su país, el mismo que se regía bajo la tutela colonialista de España. Su origen humilde no fue un obstáculo para adentrarse al estudio y al conocimiento de la realidad latinoamericana y mundial. En ese aspecto, la guía de su maestro Rafael María Mendive fue determinante. Fue con él que aprendió las corrientes del pensamiento que imperaban en la época, al interior de las aulas de la Escuela de Instrucción Primaria Superior Municipal de Varones de La Habana.

La idea de librarse del yugo español fue tomando cuerpo de tal manera que junto a varias amistades (Fermín y Eusebio Valdéz Domínguez, Manuel Sellén, Santiago Balvín…) empezaron de manera aún incipiente a discutir sobre tan anhelada meta. Antes de cumplir 18 años fue encarcelado en un acto calificado por el poder monárquico como delito de “infidencia, por una carta suya condenando la actitud de un condiscípulo que ingresó en el ejército español”, según narra Alejandro Querejeta. Tal apresamiento, que inicialmente tuvo sentencia de seis años con trabajos forzados fue luego -por insistencia familiar- reemplazado con la deportación a España. Este episodio fue determinante para Martí, porque tal destierro le permitió ahondar en su iniciativa de liberación a favor del pueblo cubano. De manera paralela continuó con su inagotable preocupación intelectual. Cursó estudios de Derecho, Filosofía y Letras. Conoció de cerca a pensadores de la talla de Víctor Hugo, en vista de que recorrió parte de Europa. En su estancia en España afinó su concepción de la democracia y la teorización política, a la par que se vio multiplicada su producción literaria y periodística, haciendo suya la cita de Theodor Adorno: “En el exilio la única casa es la escritura”. En 1874 retornó al continente americano. México, Guatemala, Venezuela, Estados Unidos, Haití, Jamaica, Costa Rica, Panamá, fueron naciones en donde Martí continuó incubando una posición ideológica que le acercaba a las armas y, por lo tanto, a la necesaria construcción revolucionaria en la isla cubana. En el país azteca se reencontró con su familia. Contrajo matrimonio en 1877, con Carmen Zayas Bazán. De ella escribe los siguientes versos: “Es tan bella mi Carmen, es tan bella, / que si el cielo la atmósfera vacía/ dejase de su luz, dice una estrella/ que en el alma de Carmen la hallaría”. La pareja se divorció en 1891, por discrepancias de Zayas ante la incesante actividad política y cultural de su esposo fuera del hogar. Cabe señalar que Manuel Mercado fue amigo personal de Martí, con quien sostuvo una reveladora correspondencia.

Según Juan Paz y Miño “Tres ideas entrelazadas formaron la esencia del pensamiento martiano: la libertad de Cuba, el sentido latinoamericanista de la revolución y el anhelo por evitar que un nuevo colonialismo se extienda sobre los países de la región”.

De aquello se desprende que Martí fue un íntegro patriota, un gestor visionario de la inclusión latinoamericana y, un ferviente militante antiimperialista. Así como en su momento el libertador Simón Bolívar advirtió respecto del afán expansionista y de dominación geopolítica proveniente desde Norteamérica, Martí en una epístola a Mercado, en el epílogo de su vida, grafica similar percepción: “…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por la patria y por mi deber -puesto que lo entiendo tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso…”.

Su amor a Cuba impresiona. Fue un hombre que cultivó a través de las letras la pasión por la patria y, por intermedio del fusil la emancipación de los pueblos. Ese sentimiento terrígeno y de defensa a la tierra natal se reflejó en su escritura, aún a costa de cierta beligerancia: “El amor, madre, a la patria/ no es el amor ridículo a la tierra / ni a la yerba que pisan nuestras plantas: / es el odio invencible a quien la oprime, / es el rencor eterno a quien la ataca”. De manera constante sea en verso o en prosa reflexionó alrededor del tema citado: “La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se la sirve, pero no se la toma para servirse de ella”.

Fue autor de varios libros, entre los que sobresalen: “El presidio político en Cuba”, “La república española ante la revolución cubana”, “Diarios de Campaña”, “Nuestra América”, “Ismaelillo”, “Versos Sencillos”, “Versos Libres”. Supo canalizar una propuesta múltiple a través de diferentes géneros literarios, en donde se imprime la huella de la corriente modernista. No obstante de su intenso y prolífico aporte en el campo bibliográfico, siempre estuvo pendiente de la organización político-revolucionaria. Por ello, fundó en abril de 1892 el Partido Revolucionario Cubano. Su decidida actitud combatiente se reflejó en la guerra de 1895; año de su deceso en pleno combate en Dos Ríos, al oriente cubano, “de cara al sol” como él anunció en sus “Versos Sencillos”. Recién en 1898 se concretó el fin del colonialismo español en la Isla, aunque, paradójicamente, con la intromisión de tropas norteamericanas y, por ende, de un nuevo sistema de coloniaje. Luego de aproximadamente cuatro años Cuba alcanzó un relativo nivel de independencia. El legado de insurrección, rigurosidad académica, preocupación ideológico-política, y sensibilidad poética impuesto por “El Apóstol” sigue incólume en el tiempo y, desde luego, se mantendrá vigente de forma imperecedera por medio de las páginas de la historia: “Yo soy un hombre sincero / de donde crece la palma, / y antes de morirme quiero / echar mis versos del alma. / Con los pobres de la tierra / quiero yo mi suerte echar: / el arroyo de la sierra / me complace más que el mar”.

Otavalo, octubre del 2007

CLAVES DE UNA POESÍA FRESCA ABRIGADA CON LOS RAYOS DEL SOL



La poesía sintetiza la cotidianidad del tejedor de ilusiones, de la vendedora de rosas en el infortunio de la calle, de las guerras que confirman la estupidez humana, de la humedad que brota de la piel de los amantes, de los juegos infantiles divirtiendo a la vecindad del barrio populoso, de la psicosis del hombre, de la sensualidad de la mujer…, para lo cual el creador usa y abusa imágenes atrayentes que se funden en el papel en blanco. La poesía es vida y tormento. Placer y tortura. Ternura y dolor. La poesía refleja la capacidad intelectiva del ser humano, a partir de la búsqueda incesante de la estética en la palabra escrita. La poesía es artilugio de la prostituta madrugada y estratagema en la batalla inútil del amor.

Gabriela Ponce es una joven poeta que se regocija con el verbo, y se aprisiona con el verso. Oriunda de Otavalo -ciudad en donde se “teje quimeras/ …de trueque/ de quebradas minerales y cascadas”-, Gabriela es una persona obsesionada por la descripción de las horas perdidas entre miradas furtivas y cigarrillos encendidos. Gabriela es dueña de un discurso poético que le acerca a la preocupación social y al grito rebelde en contra del oprobio y la expoliación. “A quién le debo/ la segregación de mi hermano/ la xenofobia de mi raza/ la piel canela que me abraza/ quien me heredó tanta burocracia/ A quién debo/ si lo he pagado todo/ A quién presto/ si nací endeudada”. Su estilo irónico, a ratos se contagia con la denuncia, frente al monopolio económico, político, comercial, mediático… “La sangre vende/ al igual que los buenos culos/ si no provocan llanto/ por lo menos lograrán/ el eureka de más de un impotente/… Plebiscito mundial,/ afuera Bush maniático mental,/ una patada en el culo a la Política Internacional”.

Poesía fresca cuyo componente fuerte se advierte en el abrazo de los cuerpos sedientos de vino y nocturnidad. Por ello, la entrepierna se confunde con las sábanas y el calor de la pareja que se separa con la fugacidad del tiempo, tras el silbido de los pájaros, luego del invierno. “Dos cuerpos se juntan/ en ceremonia nocturna/ El sudor baña las sombras/ entre cánticos profanos/ La cópula es santificada/ con bendición de dioses y demonios”. El recuerdo se interpone como una melancólica sinfonía de anécdotas y vivencias, en medio del llanto y el insomnio, de la crueldad y la imparable lluvia. Gabriela emana el karma de la luna dibujada con resplandor en el cielo, de los abuelos que nos legaron sabios consejos, del pueblo sarance aferrado a los colores múltiples, las alpargatas y los ponchos, del barrio caliente y tradicional, de los amigos de siempre, de las mariposas y las montañas que nos rodean como dioses custodiando la nada.

“Clave de Sol” (UTN, 2007) titula la nueva obra de Gabriela. Varios poemas recoge este sencillo texto, el mismo que delata la pasión de la autora por el hecho literario. “El poema me agarra, me escapo,/ el poema me persigue, me mutila,/ a pesar de todo sigo viva”.

“Clave de Sol”; ritual de las ideas íntimas, morada de la compasión, cueva en donde reposan los demiurgos eternos, invocación etérea del adiós, extravío de los pensamientos, descripción de la manzana mordida al inicio del acto sexual, figura musical de fortaleza auditiva, sombra de una época de paradojas y ríos nauseabundos, bosquejo poético que se cobija con lo profano y el pacer, pacto con Ícaro sin alas…

Gabriela Ponce, poetisa de rumores y sacrilegios, de lágrimas y pinceladas, de viajes y amaneceres… “Ella danza al final de la palabra/ ella danza en el último filo del mundo/ ella llora en la última roca de un volcán/ ella coge el filo de la luna y canta”.

Otavalo, marzo 21 del 2007

Fisgoneando la obra de Gualsaquí



La propuesta pictórica de Whitman Gualsaquí Sasi (Otavalo, 1960) se entrelaza en imágenes de huarmis tiernas y entes anónimos; engendros en medio de flores, frutas y luna llena; género femenino resumido en siluetas especiales, propias de la esbeltez y belleza de la carne en la plenitud del día.

Que duda cabe al afirmar que la pintura no es más que un proceso de catarsis del artista frente al lienzo, sumergido en un torrente de angustia, desaliento y llanto, pero al mismo tiempo, en una búsqueda incesante por encontrar la luz al final del túnel. Nuestros pintores tienen la ventaja de convivir en un entorno lleno de un realismo fantástico, desde donde surgen personajes inverosímiles y hechos insólitos. Esto, como parte de una idiosincrasia que reafirma la estirpe andina, entre montañas y lagos, entre la solidaridad de la gente y la tranquilidad del campo, entre rituales ancestrales de los pueblos nativos y las habilidades artesanales innatas.

Gualsaquí, arrastra por su origen geográfico, una marcada huella otavaleña; entendida ésta, en la identidad de dicho lugar milenario, la misma que es recogida en sus cuadros, y, transmutada en trazos, considerando la relación interétnica y los elementos constitutivos de una sociedad compleja por su heterogeneidad cultural; cuyos principales actores: mestizos e indígenas, asimilan sumergidos en la modernidad, y, paradójicamente, en el subdesarrollo, la constante evolución societal. En el lienzo sobresale el desdibujo, contando para el efecto con la diversidad humana en una construcción de vasos comunicantes que giran entre la sensibilidad y el silencio. Ese silencio que es parte fundamental en el taller de trabajo del pintor; sitio vital en donde se fragua a partir del color, figuras atrayentes confundidas con los frutos que brotan de la madre tierra, con pájaros cantores quienes mágicamente se inmovilizan en el dibujo.

Ternura: esa es la palabra ideal para resumir la idea artística de Whitman, para lo cual la feminidad se enmarca con melancolía, y, paralelamente, con una alta dosis de erotismo, reflejada en las medias de seda resplandeciendo en las largas piernas, como acto inicial de un interminable juego macabro que trastoca las sábanas, sin importar el frío de la nocturnidad.

Según Ernesto Sábato, el arte “es la manera de ver el mundo de una sensibilidad intensa y curiosa, manera que es propia de cada uno de sus creadores, e intransferible”. La visión artística de Gualsaquí le acerca a los innumerables rostros de mujeres, en la negritud, en la indianidad, en el mestizaje; con los ojos abiertos para evitar el asecho carroñero de una sociedad que goza de la impunidad y el absurdo, así, como también, con los ojos cerrados para detener al tiempo, y soñar con las historias de amor más entrañables en los lugares de riqueza paisajística y bondad natural, que sólo la creación humana es capaz de bosquejarla. La plenitud femenina se destaca en miradas infantiles con una inmejorable dosis de ingenuidad, y, también, de tristeza, tal vez, por los padres ausentes, por los amigos furtivos, por las aulas inexistentes, por los juegos inconstantes, por la falta de un plato de comida, por el dolor que se siente al caminar con los pies delcazos, por la dureza de los corazones impuesta en la barriada pobre ante necesidades y anhelos perdidos junto con el engaño y la explotación.

El mismo Sábato cree que “el artista es en general un ser disconforme y antagónico, y porque en buena medida es precisamente su desafecto a la realidad que le ha tocado vivir lo que lo lleva a crear otra realidad en su arte”. Por ello, tal vez, Whitman pese a estar radicado en la Capital de la República, busca instantes de escape del bullicio y el vértigo, retornando a la provincia azul en donde reposan deidades y viejas historias; fuente incontenible de arte y sosiego. Huye de esa realidad individualista, para construir en la tela su propia realidad.

El lenguaje expresionista de Gualsaquí, cuyo interés por el arte proviene del legado familiar, se divulga a través de incontables siluetas con colores múltiples que nos infunden alegría, aunque en el fondo se imponga la reflexión ante la sugerente tristeza del ser humano. Whitman Gualsaquí me acerca por su nombre al poeta Walt Whitman, y a aquel verso que define a “…un hombre que riega las raíces de todo lo que crece”.

Otavalo, marzo 2 del 2007