miércoles, 10 de marzo de 2010

MIRARTE


Mirar…, mirarnos…, apreciar al otro yo, creer en el miramiento del ser humano, contemplar nuestros montes y lagos, observar nuestro entorno lúdico, en fin, respetarnos y aceptarnos como somos. Tal vez este juego de ideas generales sirvieron como punto de partida para la creación de un movimiento cultural: MIRARTE. Esta instancia nació hace una década atrás en el imaginario colectivo de jóvenes otavaleños ligados al quehacer artístico, con la idea de trabajar por la cultura desde el reconocimiento identitario. Para ello, la música, la plástica, las letras, el cine; fueron -y continúan con provecho- expandiéndose en la agenda institucional.

MIRARTE -la fundación intercultural- emprende una tarea investigativa sistemática de revitalización de la tradición oral destinada a las nuevas generaciones. Para lo cual, ha instrumentalizado productos didácticos y edu-comunicativos, junto con publicaciones y talleres de socialización. Tarea que se resume en un ambicioso proyecto denominado: “Jugando con el abuelo”; en donde se han recopilado cuentos, leyendas y recreado juegos tradicionales. Proyecto -éste- que obtuvo el Premio Nacional a la Educación Popular otorgado por la UNESCO. En este voluntariado cultural cabe resaltar a rastros y rostros… por ejemplo, a Gabriela Rivadeneira -nuestra kurikinga-; inteligente promotora que dinamiza este esfuerzo grupal. Así también, a Flormarina Montalvo; productora ejecutiva, pendiente de la consolidación de las propuestas enunciadas. Y, a Luis Flores; gestor del arte y, apasionado compositor de sueños.

La cultura -como dice Raúl Pérez Torres- es “una actitud viva, permanente, dialéctica, una llama que cada uno de nosotros soplamos para agitarla, para mantener su fuego”. Para los integrantes de MIRARTE, ese fuego ha sido elemento latente de aprendizaje y construcción colectiva.

Otavalo, febrero del 2009

SARA LA ESPANTAPÁJAROS



La Fundación Mirarte en el afán de consolidar un trabajo de revitalización de la tradición oral y los saberes andinos, a través de sus miembros (Gabriela Rivadeneira, Flormarina Montalvo y Luis Flores) y, junto con decenas de promotores, gestores y colaboradores, promueve una intensa actividad de difusión de las manifestaciones culturales. Ellos están convencidos a plenitud, que su aporte específico a la sociedad, tiene que estar dirigido, especialmente, a los jóvenes y a las niñas y niños, potenciando su inocencia vivencial y sinceridad reflexiva.

En tal contexto, Mirarte irrumpe con una propuesta cinematográfica que hoy se proyecta con luz y cartel propio: “Sara la espantapájaros”; desde la llacta, con elementos de la madre naturaleza, de la mitología ancestral, de la energía terrígena. Considerando dentro de la trama la visibilización de la cosmovisión andina.

Esta película infantil, cuyo director es el cineasta lojano Jorge Vivanco, se apropia en su eje conductor de historias imaginarias a partir de la reconsideración de la memoria colectiva. Con personajes peculiares como: la Chificha, Kurikinga, Taita Churo…Y, además, con un valor agregado: la banda sonora tiene el sello y la calidad del grupo de música indígena “Yarina”. Cabe resaltar que el elenco de actores y actrices -cosecha imbabureña-, sin una carga profesional, cumple desde el voluntariado, con el rol asignado.

“Sara la espantapájaros” trata de la inocencia del amor inicial, de los sueños inspirados en pájaros errantes, de la simpleza del entorno rural, del encanto paisajístico que emana de nuestra serranía ecuatoriana, de la magia narrativa conjugada desde lo inverosímil, de las costumbres y tradiciones del pueblo kichwa otavalo, de la relación íntima entre el hombre y la pachamama. Una información propicia navega en la página web: www.saralaespantapajaros.com.

Con este ambicioso proyecto audiovisual los integrantes de Mirarte extienden sus alas junto con “Sara la espantapájaros”, para surcar nuevos horizontes, conservando así, la llama encendida a favor de la cultura, es decir, a favor de la libertad y de la vida.

Otavalo, febrero del 2009

PRESENCIA EN OTAVALO



El ser humano por elemental sentido de convivencia ha recurrido a lo largo de la historia al diseño de vasos comunicantes que le permitan una fluida interrelación societal. Con el paso del tiempo, el hombre a través de su ingenio viene creando aparatos y sistemas electrónicos cada vez de mayor complejidad en el amplio universo tecnológico. Sin embargo, la fluidez comunicativa encuentra en los mass media a sus mejores aliados, esto es: radio, televisión, y prensa escrita. En tal sentido, los denominados medios de comunicación colectiva se consolidan en la medida en que la sociedad exige de ellos el adecuado flujo informativo.

Desde una mirada retrospectiva, en Otavalo circuló a inicios de los 80 del siglo pasado, el semanario PRESENCIA. Tras más de cuatro años de regular aparecimiento y bajo la dirección de Alfonso Cisneros Pareja este medio impreso dejó de circular en su primera etapa, que a la postre fue la de mayor trascendencia, por cuestiones de índole económico. En total, fueron 240 números distribuidos en nuestro lar natal, “…a través de una posición imparcial: criticando y observando lo que hay de malo, lo que tiene que hacerse en el cantón, lo que se ha ofrecido e incumplido luego, y asimismo, alentando y estimulando a seguir adelante a quienes han obrado con criterio cierto y cuando se ha trabajado con visión de futuro, con seriedad”. En una segunda fase, PRESENCIA apareció en el Valle del Amanecer, a mediados de los 90, con la tutela de Hernán Jaramillo Cisneros. No superaron los 50 ejemplares.

Sobre el aporte comunicacional del citado semanario, Fausto Jaramillo Yerovi publica el libro: “PRESENCIA – En las calles de Otavalo”. En este valioso estudio se resaltan los objetivos de este medio que desde su surgimiento tuvo la intencionalidad de “…estar íntimamente ligado a los intereses y anhelos de Otavalo”. En el editorial del primer número se enfatiza que PRESENCIA “estará alejado de demagogias y será vertical vocero de una sociedad que tiene que hacer mucho en la historia de su comunidad y de su país”.

Jaramillo Yerovi disecciona el contenido de este medio local, impreso en editorial “Gallocapitán”, a partir de la consideración del tiempo y espacio circundante en el mundo y el país y, del análisis comparativo de los postulados del informe Mc. Bride avalado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) -en donde se enfocaba el fenómeno comunicacional en el orbe y el aporte que el mismo brindaba “en el desarrollo de los pueblos”-, con aquella tarea periodística de marcada propensión a la querencia terrígena. El autor busca analogías con el material impreso en PRESENCIA y las características del Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC) y el Libre Flujo de la Información.

En PRESENCIA hubo rasgos peculiares que distinguieron su existencia. Por ejemplo, el cuerpo de redactores (Plutarco Cisneros, Marcelo Valdospinos Rubio, Álvaro San Félix, Hernán Jaramillo Cisneros, Edwin Narváez, entre otros) estuvo íntimamente ligado al Instituto Otavaleño de Antropología (IOA).

La mayor parte de los colaboradores suscribió sus notas con pseudónimos: Melchor Cotama, Amauta, Ícaro, Raymundo, Curiñán…, y con nombres sugerentes en sus columnas: En Mitad de las Cosas, Puesto de Guardia, Mirador Local, Asteriscos de la Semana, Otavalo de Ayer... Ninguno de ellos ejercía el periodismo como profesión. El interés académico de este grupo de inquietos pensadores si bien giraba en las ciencias sociales, se concretaba en ramas como la Antropología, Sociología, Pedagogía. No obstante, la preocupación por el devenir otavaleño provocó la práctica periodística desde el razonamiento, el diálogo y el criterio reflexivo. Por lo tanto, PRESENCIA antes que un medio escrito noticioso fue un rotativo independiente de opinión y orientación, en donde se ejerció la libertad de pensamiento, expresión y prensa. La temática a tratarse giraba en aspectos de orden: social, político, económico, cultural, productivo, deportivo, recreativo; todo ello, desde el visor analítico en pos del mejoramiento de Otavalito, intentando siempre desechar posturas ideológicas e intereses particulares o de grupo y, cobijándose con la verdad de los hechos.

Fausto Jaramillo Yerovi considera que la “comunicación social es la herramienta que favorece el conocimiento entre diferentes y facilita el encuentro de soluciones compartidas a problemas comunes”. Esa fue parte de la tarea emprendida en las páginas de PRESENCIA; ser el vigilante crítico del progreso y adelanto de un pueblo en marcha: Otavalo.

Otavalo, enero del 2009

EL CHE EN TIEMPO DE REVOLUCIÓN



Su imagen es un ícono mundial, impregnada en una camiseta o altiva en el flameo de una bandera roja. Su talante histórico y actitud visionaria es un ejemplo irreverente de las generaciones nuevas. Su condición humana es un modelo de eticidad y compromiso social. Su praxis de la estrategia armada es una estela de audacia en medio del frío fusil y la hostilidad de la selva.

Su condición de rebelde íntegro es legado vital en la construcción de una sociedad distinta, incluyente y equitativa. Su estirpe de aventurero incansable es un emblema de tenacidad y constancia. Su hábito a la lectura desde la tarima solitaria es equivalencia de inteligencia y conocimiento. Su apego a la escritura, como manera de expresión comunicativa y estética, es testimonio de creatividad y perfeccionamiento intelectual. Su hálito guerrillero es generoso espíritu que moviliza por igual en la Sierra Maestra o en la montaña andina. Su profundo pensamiento socialista es una estela ideológica que va de la mano con la interpretación dialéctica del fenómeno socio-político y económico. Su lealtad y compañerismo es sinónimo de desprendimiento y huella indeleble en la solidaridad individual y colectiva. Su visión ecuménica en la lucha por la liberación de los pueblos oprimidos, es resultante del internacionalismo declarado en pos de la soberanía e independencia continental. Su dualidad argentino-cubana es consecuencia de su múltiple y diversa procedencia americana, alejada de fronteras inútiles.

Su extrema sencillez es cualidad de hombre sabio y maduro. Su amor a los suyos, tan intenso como el grito inicial del recién nacido o la lluvia en la tristeza de invierno, es elemento intrínseco de ternura y poesía. Su muerte es un cántico por la continuidad de la concepción transformadora, porque, pese al doloroso asesinato y vil ejecución de Ernesto Guevara de la Serna en Higueras (Bolivia) por tropas militares, en octubre de 1967, él continúa latente en el alma popular. Jamás lo acallaron. Y menos ahora, que el presente latinoamericano se renueva de cambio democrático.

Otavalo, octubre 7 del 2008

PINCELADAS DE JOSÉ BASTIDAS



No hay mayor privilegio para el ojo espectador, ni deleite para la mirada atenta del voyeur que la magia pictórica representada por el maestro José Bastidas: buceador incansable de miradas perennes impregnadas en seres apesadumbrados; diseñador de semblantes adormecidos por el devenir del tiempo; docente de técnicas rigurosas que rescatan el sentido del arte contemporáneo; viajero que socializa los signos y símbolos de la pacha mama.

José Bastidas, oriundo de Otavalo, es un artista consumado por las preocupaciones inmanentes al ser humano. Desde sus pinceladas lúdicas se aprecia una violenta cromática que impacta y asombra. Su temática proyecta a mariposas juguetonas, mujeres con largos cabellos y tristeza dilatada, criaturas amamantándose de la naturaleza, colibríes traviesos, peces multiplicándose a través de la miscelánea del color, parejas insatisfechas en el nido amatorio, rostros y rastros entretejidos entre la penumbra y el olvido. Bastidas tiene latente preocupación social y ecológica. Asimismo, no se desentiende de las interioridades de la mujer y de las intimidades del hombre. Es un pintor que a partir de la modernidad genera en el óleo una peculiar ridiculización de nuestra sociedad sumida en el anacronismo y la mezquindad. Para el efecto, combina una singular estética junto con la cotidiana realidad esparcida en la composición artística. Su reciente producción se muestra en el presente mes de mayo en sendos festivales de arte en Matogrosso-Brasil y, Bogotá-Colombia. Siempre marcando una huella desde su mirada multifacética, Bastidas cada día camina con pasos agigantados en el complejo universo de la plástica, anteponiendo la sencillez, seriedad profesional y constante nostalgia por el lar natal.

Otavalo, mayo 19 del 2008

ELOGIO A UN SER ESPECIAL



Madre: sinónimo de vida. Persona irreemplazable en la crianza de los párvulos. Su fortaleza y tesón revoluciona los días. Su esfuerzo ilumina nuevos horizontes. Su dedicación prodiga en seguridad hacia los suyos.

Madre: parnaso de ternura y ejemplo de persistencia. Desde la intimidad sobresale con su grito rebelde o su devoción femenina. Sus hijas son la razón primigenia de existencia. Sus hijos son la prolongación de anhelos renovados y proyectos benignos. A través de sus caricias forja la alegría familiar. Sus manos recogen la semilla de la bienaventuranza. Sus gestos son versos que se esparcen con el viento y se confunden en la alborada.

Madre: guerrera que amamanta sueños profundos en una sociedad heterogénea, prestidigitadora de valores intrínsecos, fecunda promotora de la libertad y el respeto común. Nueve meses anteceden a la experiencia maternal, entre la ilusión de los primeros quejidos y el insomnio como consecuencia de la continuación carnal.

Madre: huarmi forjada junto con la multiplicación de los siglos, expoliada por el maltrato masculino, agobiada en el instante de asumir roles diversos. Sus ojos contemplan hermosos amaneceres, su corazón esparce la fecundidad del amor perenne, su sonrisa contagia de alegría y convoca al regocijo. “Gracias en este día, y en todos los días, por la capacidad que me diste de recoger la belleza de la tierra como una agua que se recoge con los labios y también por la riqueza de dolor que puedo llevar sin morir en la hondura de mi corazón”, escribe Gabriela Mistral. A ti madre, te dedico mis poemas inconclusos, te ofrezco mi rabia y necedad absurda, te exhorto a caminar por senderos luminosos, te ruego a que me arrulles en la oscuridad que brota del dolor, te invoco a observar la lluvia y los montes que rodean mis dudas, te pido acariciar la nostalgia de aquellos recuerdos perdurables, te invito a cristalizar la dicha y abrazar juntos el porvenir.

Otavalo, mayo 10 del 2008

UN VISTAZO AL MAR



El mar tiene la sensación de la plena libertad. La brisa cobra fuerza junto al paso de gaviotas transeúntes. La gente se sumerge en sus incontenibles olas. Decide nadar sin rumbo fijo. Las aguas se alejan como las horas del pretérito y, se acercan como el vértigo que se antepone en el presente. “El mar es más/ que un paisaje,/ también es un sentimiento;/ es un corazón que late,/ negándose a seguir muerto”, canta Luis Eduardo Aute.

El mar convoca a la cavilación. Susurra con la melancolía. El hombre a través de la contemplación dialoga con su majestuosa omnipresencia. El horizonte se muestra inaccesible. El cielo se mancha de colores fuertes anunciando el colofón del día. Tras la caída de la tarde al fondo se observa una imagen de postal: el sol ocultándose en un acto provocador e impactante. “…la eternidad./ Es la mar unida/ con el sol”, escribe Jean Arthur Rimbaud.

La playa es el refugio perfecto después del naufragio. La arena se vuelve movediza, provocando la demora del caminante. El tiempo se detiene entre el calor y la humedad. Cuerpos desnudos se abrazan reivindicando el amor. La sensualidad y el erotismo se fusionan en historias interminables de seres anónimos huyendo del absurdo entorno contemporáneo. El mar tiene una directa relación con el amor; son dos cómplices que inducen al tormento sentimental. “El mar ha sido un pretexto tan recurrente, quizás por azul, por infinito, por provocarnos tanto miedo”, reflexiona Freddy Peñafiel Larrea.

En las orillas proliferan pescadores artesanales predispuestos a morir en esas perdurables aguas. Guerreros marinos desafiando a la naturaleza. Aventureros que bendicen a la vida a través de botes vetustos en los repentinos amaneceres. La fuerza oceánica se dibuja de azul, como los versos de Rubén Darío. En los manglares se reproducen raros animales de patas enrojecidas. La biodiversidad selvática se contrapone con la mezquina ambición humana. En los puertos se comercializan crustáceos comestibles, se intercambian diálogos que revelan frustraciones cotidianas y deseos mundanos, se entrecruzan miradas lujuriosas de ansia de carne y humedad nocturna. Las mujeres de esos maltrechos navieros esperan que sus parejas se dispongan mar-adentro, para configurar en realidad aquellas fantasías secretas, en donde las pasiones encubiertas fraguan el devenir de la decadente comarca. Los amantes clandestinos reproducen sueños en donde se escucha el golpe incesante de las aguas agrestes con gigantescas rocas detenidas desde épocas inmemoriales. “Tu cuerpo es un país donde las aguas/ salan la redondez de la mirada/ y hacen mar al mirar, encrespamiento,/ gota de amor al pan/ que en cada ola se renueva”, señala Miguel Donoso Pareja.

El piélago es la entelequia en donde el hombre guarda el dolor. Tiene en sus entrañas sabores agridulces; la sal que se impregna en la piel del prófugo citadino. También brinda felicidad cuando la soledad se ausenta del corazón y, por tanto, dos almas extraviadas se juntan entre el viento y la plenitud de la alborada. “Padre mar, ya sabemos/ cómo te llamas, todas/ las gaviotas reparten/ tu nombre en las arenas:/ ahora, pórtate bien”, poetiza Pablo Neruda.

Otavalo, abril 25 del 2008